Hoy he visto sus iris verdes intensos. Por unos segundos me ha parecido sumergirme en el mar de sus pupilas, aunque, por otra parte, no podía dejar de pensar en sus labios acariciando mi cuerpo. Con dulzura su piel, tersa y... en cada milímetro ferozmente clavando sus pequeñas zarpas rojas en el cuerpo desprotegido, dejando caminos del mismo color bermejo, como surcos de rabia.
He descubierto el universo en su voz, en cada pequeño sonido que su garganta, entrecortada, expulsa por el esfuerzo. Observa, araña, muerde; ataca y después... Después, sobre mi pecho
reposa, en calma, emanando alivio desde su gesto de descanso acariciado por mi dedos. La tenue luz que atraviesa la cortina al mismo tiempo. La paz. La templanza tras la batalla se une en sus palabras al unísono en un suave murmullo que retumba entre mis brazos desnudos haciendo eco en su cuerpo blanco como la nieve hasta las puntas de las pestañas que cubren sus ojos.
reposa, en calma, emanando alivio desde su gesto de descanso acariciado por mi dedos. La tenue luz que atraviesa la cortina al mismo tiempo. La paz. La templanza tras la batalla se une en sus palabras al unísono en un suave murmullo que retumba entre mis brazos desnudos haciendo eco en su cuerpo blanco como la nieve hasta las puntas de las pestañas que cubren sus ojos.
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