sábado, 27 de abril de 2013

Despiertas

Todo era mentira. Te despertabas, salpicabas con agua helada tu rostro cada mañana con la esperanza de que ello sirviera de alguna forma para que tus ojos se entreabrieran lo más mínimo suficiente para ver todo lo que te rodeaba ibas a la cocina recordabas que no comías por las mañanas te quedabas quieto pensabas suspirabas te vestías cogías las llaves ibas a la parada subías al bus llegabas a tu puesto de trabajo te sentabas y empezabas a teclear número tras número un cinco un siete un tres que pocos treses aparecían mirabas embobado la pantalla tus compañeros no paraban de hablar cada vez más alto de un cubículo a otros de este al de la otra punta mientras el reloj tic-tac-tic-tac se escuchaba la maquina del agua burbujear descompasada con todo aquel alboroto te levantabas a sacar un café lo sacabas te lo bebías mirabas a aquella compañera de trabajo cuarentona soltera atrapada en una vida que nunca quiso intentando conversar con cualquiera pero tú mirabas serio no le contestabas más que tu mirada sórdida espesa cansada con alma volvías a tu sitio en tu puesto de trabajo que tú quisiste elegir porque tú tenías gastos que te agobiaban por tu condición de «tú» y a teclear más y más mientras aquella mujer te miraba con desaprobación mientras se lo decía a tu jefe quién como no estaba en la máquina descansando pasando el rato como uno más se lo oía murmurar a lo lejos que no te quedaba mucho en aquella empresa chiste de empresa que en dos o tres días ya no se te vería el pelo que volverías a pudrirte en tu casa como hacías las horas que no pasabas ahí y así era volvías a casa ponías la televisión te sentabas en el sofá comías un poco de esto un poco de aquello abrías un libro insulso acorde con la decoración de la que tú parecías otro mueble se hacía tarde cenabas acompañado de una lata de cerveza te duchabas te ponías un pijama al que le hacía falta renovarse y te echabas a la cama apagabas la luz y mirabas el despertador marcar las doce en punto te quedaban seis horas de sueño lo seguías mirando hasta que quedaban unas cuatro horas para repetir el ciclo y desde ahí todo negro oscuro la nada y sonaba ring ring lo parabas de un manotazo y volvías a empezar. Todo era mentira. Te despertabas,

martes, 23 de abril de 2013

Diario

Hoy he visto sus iris verdes intensos. Por unos segundos me ha parecido sumergirme en el mar de sus pupilas, aunque, por otra parte, no podía dejar de pensar en sus labios acariciando mi cuerpo. Con dulzura su piel, tersa y... en cada milímetro ferozmente clavando sus pequeñas zarpas rojas en el cuerpo desprotegido, dejando caminos del mismo color bermejo, como surcos de rabia.

He descubierto el universo en su voz, en cada pequeño sonido que su garganta, entrecortada, expulsa por el esfuerzo. Observa, araña, muerde; ataca y después... Después, sobre mi pecho
 reposa, en calma, emanando alivio desde su gesto de descanso acariciado por mi dedos. La tenue luz que atraviesa la cortina al mismo tiempo. La paz. La templanza tras la batalla se une en sus palabras al unísono en un suave murmullo que retumba entre mis brazos desnudos haciendo eco en su cuerpo blanco como la nieve hasta las puntas de las pestañas que cubren sus ojos. 

jueves, 18 de abril de 2013

Ser

Vivo, viví y viviré.


Nuestra percepción del tiempo es distorsionada y lineal. La concebimos como una línea recta; pero realmente es un todo complejo. Existimos a lo largo del tiempo al igual que en un punto concreto. Al igual que el «todo» o el «nada». Lo cual se nos escapa de las manos de nuestras ideas por siempre o, al menos, por mucho, mucho tiempo; nosotros seremos lo mismo: todo o nada, o una perfecta simbiosis de las dos, como dos cuerpos entrelazados por un cordón.