La Voz de los Don Nadie
Minoría absoluta
domingo, 16 de noviembre de 2014
miércoles, 7 de mayo de 2014
sábado, 18 de enero de 2014
Musas
Cada quién tiene sus porqués y cada porqué tiene detrás otros motivos. Motivos de uno mismo o sacados a coalición por terceros que un terceto inspira. Es incoherente e inherente al autor no ver esta figura. Compadezco a quién escriba y no quiera verla, a quien la deja en el ángulo oscuro de su cabeza. Ella no tiene cuerpo, los tiene todos; pero solo la ves en los que quieres, por suerte y por la mayor de las desgracias. Salta de unas pupilas a otras, de un cuerpo a otra piel, a otra historia y a otros labios. Vive en tus entrañas, y vivirá en tu remordimiento hasta que solo veas nada. No hay alternativa en sus días. Píntala, escríbela y tócala, suspira cada eco de su aire, mira como Diana de caza, hace arcilla el suelo que pisa —nacen violetas rojas— de ahí naces tú, de su rastro que te guía a lo que nunca alcanzas, porque no quieres alcanzarlo pese que sea lo único que ansías.
sábado, 27 de abril de 2013
Despiertas
Todo era mentira. Te despertabas, salpicabas con agua helada tu rostro cada mañana con la esperanza de que ello sirviera de alguna forma para que tus ojos se entreabrieran lo más mínimo suficiente para ver todo lo que te rodeaba ibas a la cocina recordabas que no comías por las mañanas te quedabas quieto pensabas suspirabas te vestías cogías las llaves ibas a la parada subías al bus llegabas a tu puesto de trabajo te sentabas y empezabas a teclear número tras número un cinco un siete un tres que pocos treses aparecían mirabas embobado la pantalla tus compañeros no paraban de hablar cada vez más alto de un cubículo a otros de este al de la otra punta mientras el reloj tic-tac-tic-tac se escuchaba la maquina del agua burbujear descompasada con todo aquel alboroto te levantabas a sacar un café lo sacabas te lo bebías mirabas a aquella compañera de trabajo cuarentona soltera atrapada en una vida que nunca quiso intentando conversar con cualquiera pero tú mirabas serio no le contestabas más que tu mirada sórdida espesa cansada con alma volvías a tu sitio en tu puesto de trabajo que tú quisiste elegir porque tú tenías gastos que te agobiaban por tu condición de «tú» y a teclear más y más mientras aquella mujer te miraba con desaprobación mientras se lo decía a tu jefe quién como no estaba en la máquina descansando pasando el rato como uno más se lo oía murmurar a lo lejos que no te quedaba mucho en aquella empresa chiste de empresa que en dos o tres días ya no se te vería el pelo que volverías a pudrirte en tu casa como hacías las horas que no pasabas ahí y así era volvías a casa ponías la televisión te sentabas en el sofá comías un poco de esto un poco de aquello abrías un libro insulso acorde con la decoración de la que tú parecías otro mueble se hacía tarde cenabas acompañado de una lata de cerveza te duchabas te ponías un pijama al que le hacía falta renovarse y te echabas a la cama apagabas la luz y mirabas el despertador marcar las doce en punto te quedaban seis horas de sueño lo seguías mirando hasta que quedaban unas cuatro horas para repetir el ciclo y desde ahí todo negro oscuro la nada y sonaba ring ring lo parabas de un manotazo y volvías a empezar. Todo era mentira. Te despertabas,
martes, 23 de abril de 2013
Diario
Hoy he visto sus iris verdes intensos. Por unos segundos me ha parecido sumergirme en el mar de sus pupilas, aunque, por otra parte, no podía dejar de pensar en sus labios acariciando mi cuerpo. Con dulzura su piel, tersa y... en cada milímetro ferozmente clavando sus pequeñas zarpas rojas en el cuerpo desprotegido, dejando caminos del mismo color bermejo, como surcos de rabia.
He descubierto el universo en su voz, en cada pequeño sonido que su garganta, entrecortada, expulsa por el esfuerzo. Observa, araña, muerde; ataca y después... Después, sobre mi pecho
reposa, en calma, emanando alivio desde su gesto de descanso acariciado por mi dedos. La tenue luz que atraviesa la cortina al mismo tiempo. La paz. La templanza tras la batalla se une en sus palabras al unísono en un suave murmullo que retumba entre mis brazos desnudos haciendo eco en su cuerpo blanco como la nieve hasta las puntas de las pestañas que cubren sus ojos.
reposa, en calma, emanando alivio desde su gesto de descanso acariciado por mi dedos. La tenue luz que atraviesa la cortina al mismo tiempo. La paz. La templanza tras la batalla se une en sus palabras al unísono en un suave murmullo que retumba entre mis brazos desnudos haciendo eco en su cuerpo blanco como la nieve hasta las puntas de las pestañas que cubren sus ojos.
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